RIMAS A PRUEBA DE BALAS

Caja Negra edita “Generación Hip Hop”, el explosivo libro de Jeff Chang que repasa la última gran revolución en la música y la sociedad negra, y para celebrarlo seleccionamos, cronológica pero antojadizamente, diez discos cargados de dinamita antimomias.

Acá no hay big bang, de la nada al todo en un parpadeo. Es lo mismo que ocurre con casi cualquier estilo musical moderno. Las raíces del rap están ahí afuera, en James Brown, Gil Scott-Heron, The Last Poets, los sound-system jamaiquinos con sus toasters y ese adn fumón que derivó genéticamente en el dancehall. Bases más o menos complejas y un vocalista febril que, sarpado en onda, recita o rapea más de lo que canta.

GRANDMASTER FLASH AND THE FURIOUS FIVE – “THE MESSAGE” (1982)

01

El rap no salió de la nada pero sí marcó una ruptura, primero underground y después masiva. Al principio la magia estaba en los simples y los primeros discos larga duración del género son irregulares. El debut de Kurtis Blow tiene sus momentos fuertes pero ninguno supera ni va más allá de lo escuchado en “The Breaks”. Lo mismo se aplica a la Sugarhill Gang, su primer álbum y “Rappers’ Delight”. En alguna medida esto también es cierto para Flash y sus cinco furiosos: “She’s Fresh”, “It’s Nasty” e “It’s a Shame” parten los cielos como un trueno pero las dos baladas que devoran la mayor parte del lado “B” son genéricas y horrorosamente bajas en calorías. Claro que la redención viene volando en otra alfombra. ‘The Message’ –el álbum– trae dos embajadoras del cambio: “Scorpio” expone la vertiente electro, aquella que no usa bases funk tradicionales sino electrónicas, sampleadas, interpoladas o de cosecha propia. Aquella vertiente que también se cimentó con las canciones “Planet Rock” y “Looking For The Perfect Beat” de Afrika Bambaataa, entre otras de otros. “The Message” –la canción– tiene un ritmo a mitad de camino, medio electrónico/medio tradicional, que repta por lo bajo y manda a los emcees al frente, con un mensaje político y social que sirve para la fiesta pero no habla de ella. Se denuncian injusticias y, como en la viñeta insertada en “Living for the City” de Stevie Wonder, el negro termina en cana.

 

BOOGIE DOWN PRODUCTIONS – “CRIMINAL MINDED” (1986)

TEG-76538 BDP 2xLP Gatefold Outer

“¿Así que vamos todos presos? Bueno, al menos que sea por algo que lo amerite”, parecen decir KRS-One y DJ Scott La Rock desde la tapa del disco en la cual se presentan armados con chumbos, balas y granadas. Se abre entonces la brecha histórica entre el rap positivo y el mala onda. Enter gangsta. Sampleos de funk, rock y reggae, bases esqueléticas, rulos de bandejas y letras que hablan explícitamente de crímenes, falopa, armas y putas. “South Bronx”, “9mm Goes Bang” y “Super-Hoe” queman pero todo el disco es un hermoso incendio. El juego era simple, influenciado por películas blaxploitation como ‘Super Fly’ o ‘Black Caesar’: nos probamos el traje de turros y retratamos la cruda realidad de los barrios bajos. Los Boogie Down fueron pioneros de las estrofas brutales y atrás de ellos vino la escuela sucia de N.W.A. & The Posse y sus mejores alumnos –Ice Cube, Ice T y Dr. Dre–, graduados con honores en la incorrección política. Los riffs de rock que usaron los Boogie Down pasaron a integrar el nuevo testamento de la segunda generación de raperos y los Run-D.M.C., unos de sus profetas, los llevaron a su apogeo.

 

PUBLIC ENEMY – “IT TAKES A NATION OF MILLIONS TO HOLD US BACK” (1988)

03

A primera impresión parece un disco grabado por los Black Panthers. Chuck D, provisto de rimas a pruebas de balas, opera como dispenser de postas. El tipo no para, aunque tu cerebro haya dejado de procesarlas por acumulación. Una bomba cargada de orgullo negro, bajada de línea política, deconstrucción de la cultura pop y verdades no negociables. Se insta a pelear contra el poder en términos honestos, sin filtro, anticaretas. El mensaje va con furia pero no desde el odio. Flavor Flav aporta el toque estrambótico, la psicodelia verbal de un quemado que enardece a la tribuna. The Bomb Squad mete todos los beats a la parrilla para éste, el segundo álbum de la banda. Sampleos por doquier con un estilo de edición vertiginoso. Hacete el favor de escuchar, al menos una vez en tu vida, “Don’t Believe the Hype”, algo así como el “a la gilada ni cabida” de ese entonces, “Louder Than a Bomb” y “Black Steel in the Hour of Chaos” para sentirte un poco menos macrista. Los Public Enemy son parte de esa segunda generación del hip hop que cambió las reglas del juego, junto con EPMD, los Jungle Brothers y Eric B. & Rakim.

 

A TRIBE CALLED QUEST – “THE LOW END THEORY” (1991)

04

¿Jazz? Tenemos. La cosa se pone orgánica. Los sampleos persisten, claro, pero el acento está en los bajos/contrabajos profundos y las batas reales (o casi). La aproximación al sonido es mucho más minimalista, seca, apacible aunque no dulce. Entramos en los ’90, hay evolución, ramificación, la producción se permite otras tácticas. Y sí, hay jazz. La tribu llamada búsqueda no quería ser definida por eso, aun así es parte distintiva de su estilo. La frescura de este disco es intocable. Q-Tip, el principal compositor del grupo, y Phife intercambian líneas con naturalidad, relajados y originales. Destaco las canciones “Buggin’ Out”, “Vibes and Stuff”, “Check the Rhyme”, “What?” y “Scenario”. Igual es para hacerle el aguante al disco entero, lo merece. La fusión entre el jazz y el rap se remonta a Gil Scott-Heron y The Last Poets, encontró eco en artistas contemporáneos como De La Soul, Guru, Digable Planets y The Roots, éxito mainstream en manos de US3 y un reflejo parcial del otro lado del espejo en el Acid Jazz. Hasta su eminencia Miles Davis decidió experimentar con el rap en ‘Doo-Bop’ (1992), su último disco de estudio.

BEASTIE BOYS – “CHECK YOUR HEAD” (1992)

05

Festival BUE en el Club Ciudad de Buenos Aires, año 2006. Todavía lo recuerdo, un viernes a la noche. Debo tener la entrada por ahí. Salieron después de Patti Smith. Fue una locura y, cuando agarraron sus instrumentos, se me derritió el cerebro. Lo mismo pasa con este disco, los tres yus de Nueva York vuelven a sus instrumentos. Una verdadera sorpresa después del enorme mosaico de samples que fue ‘Paul’s Boutique’ (1989). Ufff. Las batas estruendosas y los bajos procesados de “Pass the Mic” y “So What’Cha Want” se hacen una tostada con tus neuronas. Reinvención salvaje. Los instrumentales mega/archi/fankys le ponen la mermelada: “Lighten Up”, “Pow”, “Groove Holmes”, “In 3’s” y “Namasté”. Está claro que si estos tres hebreos podían sonar así, la joda del rap estaba abierta a todas las etnias. Rick Rubin, otro pasajero del latke-móvil, fundó el sello Def Jam, produjo a cientos y fue quien les dio su primera gran chance a los chicos bestiales. Es una figura tan importante en el rap como cualquiera de las bandas repasadas hasta acá. Blanquitos, sean bienvenidos. Eminem lo sabe bien, los latinos de Cypress Hill, los ingleses de Massive Attack y los pseudo irlandeses de House Of Pain también. Un poco más al sur saludan los Molotov y mucho más al sur, nuestros IKV. Y si allá le llamaron rap al curro de Vanilla Ice, bien podríamos acordarnos de nuestro homie Jazzy Mel.

DR. DRE – “THE CHRONIC” (1992)

06

No nos movemos de 1992. El retorno de la pesada, que saca los tanques del groove a la calle. Dr. Dre estrena sello propio, Death Row Records, y carrera solista con este disco. Si bien ya había aparecido en algún single previo de Dre, Snoop Dogg se presenta, a lo grande, en sociedad. La producción del doc alcanza su punto de ebullición: bajos pesados fundidos con líneas de sintetizadores que estallan como dinamita en la cara y mucho sampleo negro para las bases (Parliament, Bill Withers, Donny Hathaway, Joe Tex y otros). Se le llamó G-Funk, la “G” por “Gangsta”, un descendiente sónico de “More Bounce To The Ounce” de la banda Zapp. El tipo de rapeo es duro y fanfarrón pero relajado, laid-back le dirían allá, más cerca de la entrega serena de A Tribe Called Quest que de la hiperkinética de los Beastie Boys. Se putea groso y las letras tienen todo lo esperable de estos mala-leche: sexo, violencia, drogas, misoginia, homofobia, materialismo, narcisismo y desobediencia a las autoridades. Me encanta. Es un antes y un después. Vendió 3 millones de copias, superando por medio palo al ‘AmeriKKKa’s Most Wanted’ (1990) de Ice Cube, otro debut en solitario de un ex-N.W.A., ambos clave para el desarrollo del rap de la Costa Oeste. Dr. Dre siguió de racha produciendo los exitosos ‘Doggystyle’ (1993, 4 millones) para Snoopzilla y ‘All Eyez On Me’ (1996, 9 millones) para 2Pac.

 

D’ANGELO – “VOODOO” (2000)

07

Pará, un momento. ¿Qué hace este disco acá? ¿Esto es rap o soul? No sé, de a ratos parece una cosa y, de a ratos, otra. Es un híbrido que da en el clavo. D’Angelo canta bajito, falseteando, y de manera entrecortada, por eso parece rapear. Al principio shockea. No se le entiende nada. Hay que superar esa etapa. Es la perfecta amalgama de estilos que Prince, uno de sus ídolos, quiso lograr en los ’90 y nunca pudo. La bata, los arreglos y la co-producción de Ahmir ‘Questlove’ Thompson de The Roots son omnipresentes a lo largo del disco. Las primeras tres canciones pelan credenciales de rap. A “Playa Playa” y “Devil’s Pie” le sigue “Left & Right”, en la cual D’Angelo intercambia versos con Method Man (de los Wu-Tang Clan) y Redman, para convencer a una mina que está todo bien cuando lo hacen a diestra y siniestra, mientras Q-Tip (de A Tribe Called Quest) provee un poco de beatboxing. El soul emerge en baladas sudorosas como “Send It On”, “One Mo’Gin” y la apoteótica “Untitled (How Does It Feel)”. Hay una atención minuciosa a los detalles, cada sonido está cuidado y calculado con feeling. Se trate de los tremendos bajos de Pino Palladino, las guitarras de Raphael Saadiq y Charlie Hunter o los bronces de Roy Hargrove. Esa dedicación obsesiva, brianwilsoniana, sumada a problemas personales son las responsables de que D’Angelo tenga solo dos discos editados en 20 años de carrera. Festejemos, por lo pronto, que éste es puro chocolate caliente.

MESHELL NDEGEOCELLO – “COOKIE: THE ANTHROPOLOGICAL MIXTAPE” (2002)

08

Mil años atrás, compré mi primer disco de Meshell en el Parque Rivadavia. Encontré ‘Peace Beyond Passion’ (1996) en las bateas de cd’s a $5 de un puestito. Aposté por ella sin conocerla (no mucho, igual, teniendo en cuenta el valor del disco) y me llevé una grata sorpresa. Fue un pleno. Y este álbum, enlatado seis años después, es aun mejor. Ella toca casi todos los instrumentos, compone, arregla y produce y le sale bárbaro. Sus letras son siempre fuertes, frontales, con vuelo poético. Denuncian la podrida sociedad moderna y otros temas de la agenda política, pero también hacen lugar para lo autobiográfico, lo espiritual y lo sexual. Mezcla canto con rapeo, y las bases coquetean con el funk, el soul y el jazz. El espíritu de Gil Scott-Heron permea su música. “Hot Night”, “Pocketbook”, “Criterion” y “God.Fear.Money” la rompen. Me parece la mina del rap con más talento y personalidad, o al menos la más “seria”. Eso no quiere decir que Missy Elliott, M.I.A., Nicki Minaj o Azealia Banks no se comprometan con sus rimas. Sucede que Meshell tiene una sensibilidad intransigente. No hace videos súper-producidos ni es un ícono de la moda. El mensaje es la música. Y eso la eleva por sobre la categoría de “entretenimiento”. Igual está muy bien mover el culo y divertirse, eh.

KENDRICK LAMAR – “GOOD KID, M.A.A.D CITY” (2012)

09

La revelación del año, dos años atrás. Entramos en una línea temporal que excede la del libro “Generación Hip Hop”, así que tomen estos discos finales como bonus tracks. Kendrick dedica el disco a Compton, California, ciudad en la cual creció, delinquió, hizo amigos, la puso y se drogó. La vida lo hizo gangsta. Sus letras hablan de eso. Hay redención, artística al menos, porque ‘Good Kid, M.A.A.D City’ rebalsa de onda, inventiva y beats asesinos. Las canciones están hiladas por una especie de relato conceptual ya que todo pasa en un día: lo bueno, lo malo y lo feo. ¿Cuántas veces voy a tener que decir que los bajos y las batas son increíbles? No paro de repetirme. Es algo que viene garantizado de fábrica en la música negra. Muchos productores meten mano todo el tiempo pero hay una homogeneidad sonora que eleva la propuesta y permite que triunfe. Hasta Pharrell encontró tiempo para aplicar su toque de Midas. Se lucen “Bitch Don’t Kill My Vibe”, “Backseat Freestyle”, “Swimming Pools (Drank)” y “Compton”, canción que lo tiene a Dr. Dre –otro nativo de esa ciudad californiana– como invitado. Kendrick está entre lo mejorcito de una nueva generación de raperos negros que incluye, entre otros, a 50 Cent, Nelly, Lupe Fiasco, Kid Cudi, Zebra Katz y a los dementes del sello Odd Future como Tyler, The Creator, MellowHype y Frank Ocean. Ojalá no descarrile. Por las dudas, agárrenlo ahora, antes que lo vean haciendo de narco en una película con Steven Seagal.

KANYE WEST – “YEEZUS” (2013)

10

Volver al futuro. Amado y odiado en partes iguales, Kanye es el provocador supremo. Siempre preocupado por ver cómo lleva la nave al próximo planeta. No es el único, pero es el más mainstream de la flota. El que llega a tanta gente como Jay-Z, su brillante compañero de armas. Por eso es aun más encomiable que no se conforme con hacer algo fácil, complaciente o hitero. Él lo sabe, se conoce y no es humilde al respecto. ‘Yeezus’ suena oscuro, urgente, corto, áspero y arrogante. Braggadocio al palo. Es mucho más básico, directo y despojado que otros discos suyos como ‘The College Dropout’ (2004), ‘Late Registration’ (2005) o ‘My Beautiful Dark Twisted Fantasy’ (2010). Éste lo podría haber hecho él solo, pasado de café (sic), usando a HAL 9000 para cortar y pegar sampleos. Podría pero no, tiene 200 co-productores: Daft Punk, Gesaffelstein y hasta Rick Rubin lo ayudaron. “On Sight”, “Black Skinhead”, “I Am a God”, “New Slaves” y “Hold My Liquor” integran la primera parte del disco y la mejor. La tapa podría haber mostrado a Lightnin’ Rod chocando el auto de Suicide contra la Pirámide de Keops. Podría pero no, está vacía, reforzando la estética minimalista de la producción. ‘Yeezus’ marca el retorno definitivo del rap a la electrónica experimental, como al comienzo, con “Scorpio” y “Planet Rock”. Diría que el círculo se cierra, pero no. El rap sigue siendo la última revolución en la música negra. Ningún otro género posterior ha tenido su impacto, su poder transformador o su capacidad para mutar. Por eso su relevancia continúa intacta. La revolución es permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s