WALDEN ARCHIVE: MAN ON WIRE (2008) + FULL MOVIE

Cuando el joven Philippe Petit lee en una publicación que las Torres Gemelas van a ser construidas, inmediatamente sabe que quiere caminar entre ellas, en las nubes. El sueño tarda un minuto en hilvanarse. Las obras no han empezado y él ya sabe que eso es lo único que quiere hacer. El francés es un equilibrista nato. Ver a Philippe sobre el cable es como observar a Phelps en el agua. Algunos nacieron para moverse en otros ambientes. La ligereza con la que se mueve es hermosa. Se acuesta,s e levanta, gira, se sienta y su balance es impecable. Las Torres son su sueño y el cable, su medio. El documental Man on Wire cuenta cómo en 1974 el francés Petit tendió un cable metálico entre las terrazas de las Torres Gemelas y lo cruzó haciendo equilibrio a 400 metros de altura. La película, basada en el libro To Reach the Clouds, más que ser la historia de un hito y una hazaña, es la historia de un sueño.

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Notre Dame y en el puente en Australia son sólo anticipos, experiencias increíbles, preámbulos de su proeza futura, pero no son su sueño. Su sueño es específico, su sueño es claro y está dirigido. No hay edificios más altos, no hay torres más difíciles. Tampoco existen premios consuelo, ni escenarios en los que no ejecutar el cruce sea una opción.

Sabiendo que no hay forma de hacer su caminata de forma legal, Petit tiene que hacerlo por izquierda. Para esto, en una maniobra al estilo heist movie, recluta un equipo de ayudantes, entre los que se encuentran su novia y su mejor amigo, para infiltrarse en el World Trade Center. (Merecen una mención aparte las recreaciones del documental, efectivas y bien logradas. Este recurso, que suele empobrecer el género, le agrega a esta trama intensidad de una manera muy natural.) Es necesario armar un plan elaborado para meterse sin ser detectados en las Torres y tender los cables. Sólo hay una oportunidad, una sola ventana, Petit no duda. Fallar, para él, no es morir en la caída (una posibilidad latente); fallar es perderse la oportunidad de intentar. El prospecto de la cárcel lo asusta menos que no poder comenzar a caminar por el cable.

Philippe Petit

Verlo a Petit en acción, incluso en una televisión, hiela la sangre. A diferencia de las personas que buscan batir un récord, cuyo placer radica en más, mejor o por más tiempo, Petit quiere vivir ese momento. Para él, el gusto no está en cumplir, en cruzar de un lado al otro. Philippe Petit saborea cada segundo de los cuarenta y cinco minutos que está arriba de ese cable. Verlo recostarse arriba de las nubes es hermoso. A sus pies, una ciudad entera continua con su ritmo, ignorante de la belleza que la sobrevuela. Los entrevistados recuerdan y no pueden evitar llorar. Las composiciones de Satie acompañan cada paso en el abismo. El vértigo es absoluto.
Muchos ignoramos lo que es tener un único sueño. Y no conocemos lo que es desear algo con tanto ahínco, tener un sueño que no solo se sostiene en el tiempo, sino que crece hasta que no queda una opción que no sea llevar adelante eso que se desea. Un sueño por el que se lucha y que, cuando llega, se disfruta. Un sueño francés.

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