VIVÍAMOS SOLOS: LA TRISTE DESAPARICIÓN DE CONNIE CONVERSE

La sociedad humana me fascina, me sobrecoge y me llena de dolor y alegría; Simplemente no puedo encontrar mi lugar para conectarme a ella”. Connie Converse.

Creo yo que el propósito de vida de todo ser humano es dejar una marca. Es imposible desaparecer completamente y fundirse en la niebla del anonimato para siempre sin dejar algún tipo de rastro, que nadie se entere que alguna vez exististe. Todo esto me vino a la mente mientras escuchaba y leía sobre Connie Converse.

Elizabeth Eaton Converse nació en New Hampshire el 3 de agosto de 1924. Hija de una estricta familia religiosa (su padre era ministro), se destacó durante sus primeros años por ser una excelente estudiante, ganadora de varios premios y eventualmente una beca para estudiar en la universidad de Mount Holyoke, en Massachussets, la cual dejaría al par de años para mudarse a Greenwich Village de Nueva York, caldo de cultivo de toda la movida folk que explotaría pocos años después. Allí, además de adquirir su apodo ‘Connie’, comenzaría a tocar la guitarra y a componer.

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Connie escribía canciones por puro hobbie y sólo tocaba para sus amigos. En una ocasión el ingeniero de sonido y animador Gene Deitch decidió grabarla en la intimidad de su casa para intentar atraer cierto interés comercial y sacar un disco, pero el asunto nunca prosperó, aunque apareció una vez en un programa de televisión del que no queda casi registro.

A diferencia del resto de los cantantes folk de la escena de Greenwich Village de los 50s, que preferían las canciones tradicionales y de protesta, Connie cantaba acerca sobre sus constantes luchas contra la tristeza, la soledad y, sobre todo, contra ella misma. Mientras Bob Dylan y Joan Baez seguían en la escuela Connie le estaba dando forma al germen de lo que en los 70s se convertiría en el estereotipo del singer-songwriter, como Nick Drake, Karen Dalton, etcétera etcétera.

En 1961 se mudaría de Nueva York a Ann Arbor, Michigan, donde trabajaría como secretaria hasta lograr ser editora del Journal of Conflict Resolution, un diario de investigación acerca de conflictos internacionales. Durante esta época dejaría de componer casi completamente, tocando sólo para amigos en fiestas.

Pasaron los años y, en 1972, el diario en el que trabajaba se mudaría a otra ciudad, lo que la dejaría completamente devastada, ya que ese trabajo para ella lo era todo. A sus casi 50 años, Connie se encontraba totalmente decepcionada e insatisfecha con su vida, en constante estado de depresión.

En 1974 y después de años de luchar en silencio , escribió cartas para todos sus seres queridos, tiró un par de valijas con ropa y plata en su Volkswagen Beetle y se esfumó.

Su música fue recuperada recién en 2004 en un perdido programa radial, y sus temas compilados en 2009. Su paradero sigue siendo un misterio.

 

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