RICHARD BRAUTIGAN: EL OLVIDADO DE LOS SESENTA (PARTE II)

Es difícil desentrañar las verdaderas razones por las que un libro alcanza masividad y aunque claramente, La pesca de la trucha en América, es una obra absolutamente original y completamente desconcertante, condenar al olvido al resto de sus libros es poco menos que una injusticia. Un general confederado de Big Sur, que narra las aventuras y desventuras de Lee Mellon, merecería ser considerada una obra maestra absoluta. Pocos libros han sido escritos con una visión tan compasiva a propósito de los marginados, desclasados y borrachuzos. Su estilo desenvuelto y su mirada llena de ternura, hacen que sus novelas sean, también, asombrosamente divertidas. Junto con: En azúcar de sandía, publicada en 1968, se cierra lo que algunos consideran una suerte de trilogía. Esta última relata la utopía de una insólita comuna hippie (en la que todo está hecho con azúcar de sandía) y es la que mejor refleja el espíritu de la época.

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El resto de su obra traducida al español, se completa con: El monstruo de Hawkline, escrita en 1974. Novela que comienza como un western, vira hacia el gótico (con mansiones y espectros incluidos) y termina en cualquier lado. Fiel a su estilo, se vuelve progresivamente más y más abstracta, hasta devenir surrealista.

Un detective en Babilonia, de 1977, narra las aventuras y desventuras del peor detective privado del mundo. Un detective que mantiene una relación conflictiva con su madre y con su trabajo, que no es capaz de ordenar su propio apartamento, que no puede pagarle el sueldo a una secretaria y que ni siquiera tiene dinero para comprar balas para su revólver y que, por tal motivo, se la pasa soñando con Babilonia, para evadirse de la realidad.

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Finalmente: Una mujer infortunada, escrita en 1982, es una novela abiertamente autobiográfica. En ella, Richard Brautigan da cuenta, a través de un diario personal, de cierto itinerario a través de Berkeley, Alaska, Anchorage, Honolulu, Chicago y otros destinos a través de Norteamérica y Canadá. No se trata del típico diario de viaje y su mirada no es la de un turista. En su lugar, este periplo y deambular representa una suerte de extravío que es más espiritual que geográfico y aunque se incluye la descripción de ciertos episodios hilarantes y pintorescos (como las peripecias que tuvo que vivir en Hawai para conseguir una foto junto a un pollo), lo cierto es que todas las páginas exudan tristeza. La mujer infortunada que da título al libro es una mujer que se ahorcó en la casa en la que el propio autor vivió por un tiempo. Su evocación es, también, una excusa que le sirve para reflexionar sobre el suicidio.

Dennis Hopper asegura que, en una noche de borrachera, Richard Brautigan le vaticinó la decadencia del imperio norteamericano. La atracción del autor por los desclasados, los marginados, los outsiders, no es puramente romántica, el rechazo al establishment norteamericano es una toma de posición ideológica que remite a la desobediencia civil propuesta por Thoreau.

Para explicar un poco a Richard Brautigan, sirven estas palabras de Michael McClure: “Si la moral nos lleva a lanzar bombas de napalm en aldeas de pescadores en Asia, permitidnos acabar con la moral y obtener a cambio lo que podría llamarse una fantasía iconoclasta”.

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Lejos del decadentismo, Richard Brautigan es un soñador. En 1975 se traslada a Tokio, donde conoce a Akiko, su segunda mujer. En Japón encuentra un público entre los intelectuales. Para 1981, el matrimonio con Akiko está deshecho. A finales de 1983, ya desaparecido del panorama literario, Richard Brautigan pensaba que la reivindicación de su obra vendría por parte de Asia y Europa. En 1984, fue la mujer de Peter Fonda la primera en advertir que había algo inquietante y sospechoso en su desaparición. Richard Brautigan fue encontrado sin vida en su dormitorio, en avanzado estado de descomposición (hubo que reconocerlo por el historial dental). Se había pegado un tiro. La leyenda cuenta que, junto a su cuerpo, encontraron el arma y una botella de licor.

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