HARRY SMITH Y EL RESCATE DEL BASURERO DE LA HISTORIA

El revisionismo de los años de formación de los movimientos vanguardistas de la posguerra suele exaltar los nombres de personajes ya enaltecidos al máximo y, dependiendo del momento, enterrar o desenterrar las identidades de personas cuyas contribuciones al arte desde puntos más estratégicos y ocultos cambiarían tanto a la sociedad como lo hicieron aquellos portadores de grandes nombres que todos conocemos.

Harry Smith califica como una de esas personas asi que decidí armar una especie de biografía resumida marcando los momentos en los que su contribución silenciosa a la cultura cambiarían, en mayor o menor medida, el curso de la historia y la contracultura.

Nacido en Oregon en 1923, sus primeros intereses artísticos durante la adolescencia se basaron en la espiritualidad de las tribus nativas, grabando una gran cantidad de los rituales y canciones de las colectividades Lummi y Samish.

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Continuando con estos intereses por los rituales de las diversas sociedades humanas, Smith comenzó a estudiar antropología en la universidad de Washington en el año 1943, la cual pagaba con su trabajo en la construcción de los aviones bombarderos de los aliados. Con este “empleo” también lograría comprar discos de blues, jazz y folk, los cuales coleccionaba con un gran entusiasmo. Durante un concierto de Woody Guthrie probaría la marihuana por primera vez, hecho que le haría replantearse sus decisiones de vida, dejando eventualmente la universidad en 1944 para buscar mejores estímulos intelectuales.

Al finalizar la guerra se mudaría a San Francisco, hogar de la creciente escena de vanguardia de músicos y cineastas. Aquí llevaría a cabo sus primeras películas experimentales, similares pero anteriores a las de Stan Brakhage, y se haría amigo de, entre otros, el legendario Kenneth Anger. Smith usaba en sus películas técnicas de efectos especiales y animación creadas por él, lo que les daría un toque DIY único.

Siguiendo con lo visual, Smith también era pintor. Su fanatismo por lo abstracto y la improvisación se torna evidente al ver sus obras, las cuales también estaban inspiradas por el jazz frenético de Dizzy Gillespie o Charlie Parker.

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Manteca (1950), es una interpretación de un tema de Dizzy Gillespie

Tanto sus pinturas como sus bizarras películas experimentales transformarían a Harry Smith en uno de los precursores de la psicodelia, movimiento al cual aún le faltaban varios años para ver la luz del sol.

En 1950 una beca del museo Guggenheim le permitiría mudarse a Nueva York para terminar una de sus películas. Aún así, al poco tiempo el dinero de esta beca se le terminó y no tuvo más opción que vender su enorme colección de discos a Folkways Records para obtener algo de dinero. En vez de aceptar sus discos sin hacer preguntas, el presidente de la discográfica lo instó a intentar armar una antología de música folk norteamericana.

De este desafío nacería la que es una de las antologías más importantes del género. La Anthology of American Folk Music, publicada en 1952, estaba compuesta por varios volúmenes de canciones tradicionales de folk, grabadas entre el año 1927 (la primera era dorada de la música country) y 1932, año en el que aparecerían las primeras grandes discográficas internacionales que, junto con la gran depresión económica, le harían un gran daño a la música folk y a sus ventas.

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En esta antología se encuentran joyas musicales geniales que no sólo influenciarían de forma total a los pioneros del folk moderno de Greenwich Village, sino también del punk. En su libro Lipstick Traces (1989) Greil Marcus menciona una de las canciones de esta compilación argumentando que en ella se encuentra uno de los variados y debatidos orígenes del punk. La canción es I Wish I Was a Mole in the Ground de Bascom Lamar Lunsford.

“En 1924, Bascom Lamar Lunsford, un abogado de cuarenta y dos años de Carolina del Norte, grababa una balada tradicional llamada “I Wish I Was a Mole in the Ground” (ojalá fuese un topo en el suelo). Esta canción no era una canción acerca de un animal. Era un relato de misticismo cotidiano sobre un hombre que suelta su arado, lo hunde en la tierra, se saca las botas y expresa deseos que jamás verá cumplidos. Se echa de espaldas, de cara al sol: ‘ojalá fuese un topo en el suelo, como un topo en el suelo hozaría montaña abajo, ojalá fuese un topo en el suelo’. Lo que quiere el cantante es obvio y casi imposible de comprender. Quiere librarse de esta vida y convertirse en una criatura insignificante y despreciada. Quiere no ver nada y no ser visto por nadie. Quiere destruir el mundo y sobrevivir a él. Se trata de una negación absoluta, al borde del puro nihilismo, una exigencia para probar que el mundo no es nada, una exigencia de no ser nada.”

 Greil Marcus, 1989

La excelencia de Harry Smith al lograr capturar todas las actitudes y corrientes de pensamiento que harían eco años después tanto en la cultura norteamericana como mundial hacen de la Anthology of American Folk Music una auténtica pieza de museo, tan importante para la historia de nuestra especie como lo son las pirámides de Egipto o las momias calcinadas de Pompeya.

Su trabajo con Folkways le daría buena reputación e influencia para, en 1965, lograr que la discográfica contrate a la banda de culto The Fugs para producir su primer legendario disco. Según el armonicista  Peter Stampfel, “la contribución de Harry Smith en el procedimiento fueron su presencia, inspiración y, sobre todo, destrozar una botella de vino contra la pared mientras grabábamos ‘Nothing’”.

Como recompensa por su contribución, Smith pidió tan sólo una botella de ron.

A principios de la década de 1970 Smith se encontraba viviendo en el Chelsea Hotel, donde solía grabar performances musicales de amigos suyos, como Allen Ginsberg, quien grabaría con la ayuda de Harry varias canciones de protesta como CIA Dope Calypso, entre otras, que serían editadas aproximadamente una década después por Folkways en el disco New York Blues: Rags, Ballads and Harmonium Songs.

Los siguientes años de su vida los viviría en diferentes hoteles, muchas veces debiendo abandonarlos por no poder pagar lo que debía. Para 1985 se encontraría tan deteriorado que Allen Ginsberg se lo llevaría a vivir con él. Una dieta diaria de huevos, vodka y metanfetaminas no deja bien parado a nadie, ni de forma física ni mental. Durante esta época diseñaría las portadas de dos libros de Ginsberg, sin dejar de lado su trabajo en el cine y grabando sonidos de ambiente. Luego de tres años de tensa convivencia, Ginsberg lograría conseguirle un puesto como profesor de shamanismo en el Naropa Institute de Colorado, donde se quedaría por una temporada breve debido a sus problemas con el alcohol.

Tras esta experiencia volvería a Nueva York, donde pasaría varias noches durmiendo en diferentes refugios para vagabundos, donde seguiría con su afición de toda la vida de grabar los sonidos de ambiente de los diferentes lugares que visitaba, sólo que en vez de ser grabaciones de canciones o rituales nativos, eran “la tos agónica y las plegarias de las personas pobres de los cubículos adyacentes”. Se convertiría en un Alan Lomax urbano de los márgenes.

Harry Smith muere en el año 1991 a los 68 años de una úlcera seguida de un paro cardíaco en el hotel Chelsea, el mismo hotel que durante fines de los 60s y principios de los 70s lo vería crear, reciclar y manipular la cultura popular a su gusto desde las sombras.

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