VIDA Y MUERTES DE PHIL OCHS (1940-1976)

Phil Ochs llegó al Greenwich Village de Nueva York en 1962 con la intención de convertirse en el número uno de la escena folk. Allí se encontró con Bob Dylan, y entonces decidió ser el número dos. Quizás, incluso, haya llegado a serlo. Se enfrentó a la guerra y a la injusticia, acaso más que cualquier otro músico del movimiento. Organizó manifestaciones, tocó en huelgas mineras y estudiantiles. Admiró a Elvis y al Che. Viajó a Chile, donde se hizo amigo de Víctor Jara, y a África, donde grabó dos canciones tan misteriosas como innovadoras. Vio todo aquello en lo que creía desmoronarse, y después enloqueció. Mañana, 9 de abril, se cumplen 40 años del día en el que decidió suicidarse.

ENERO, 1976

Cansado de vagar por la ciudad y de dormir en la calle, Phil Ochs llama por teléfono a su hermana mayor, Sonny, y le pregunta si puede quedarse un tiempo en su casa, en Far Rockaway, Nueva York. Su hermana lo recibe, y una vez que Phil entra, apenas vuelve a salir unas pocas veces. Cuando se le terminan sus cigarrillos fuma los de su hermana. No toma porque su depresión es aún más fuerte que su adicción. Visita a un psiquiatra, que le dice que sufre un trastorno bipolar, y pide otro turno. Pasa los días, las semanas, los meses, sentado frente al televisor, medicado, o jugando a las cartas con sus sobrinos, o tocando canciones en el piano (su propia “Jim Dean of Indiana” una y otra vez, según Sonny). Lentamente comienzan a aparecer algunos signos de que las cosas mejoran. Su amigo Andy Wickham lo visita y le propone que vuelva a los escenarios, él se haría cargo de todo. Phil se entusiasma y le responde que primero necesita que el psiquiatra le dé el visto bueno y que irá a verlo el 12 de abril. Su hermana lo lleva a Nueva York a concierto, y también ven One Flew Over the Cuckoo’s Nest en el cine. El 3 de abril incluso va a una fiesta con algunos amigos y toca unas canciones. La buena reacción de la gente le da esperanzas, y la idea de volver cobra más fuerza. Entonces le pide a Sonny que le compre una guitarra en la ciudad. Su hermana, por algún motivo, no se la puede comprar, y la decepción de Phil es terrible. El 9 de abril, mientras su sobrino sale algunos minutos para hacer unas compras, entra en el baño, cierra la puerta y se cuelga con su cinturón.

1940-1960

Phil Ochs nace en la ciudad fronteriza de El Paso, Texas. Tiene una hermana mayor y un hermano menor, él es el del medio. Phil y su hermano Michael son los únicos niños judíos de la escuela y sus compañeros consideran que esto es un motivo para burlarlos y agredirlos. De esta manera los niños Ochs aprenden a pelear. Su madre es una nueva rica escocesa amargada que no trabaja y que trata mal a sus hijos. Su padre, el médico Jack Ochs, significa para Phil un primer contacto con la locura. Jack, hacia el fin de la Segunda Guerra, había sido enviado por el ejército estadounidense a Europa, donde curó soldados en la Batalla de las Ardenas, en la que la ofensiva alemana, que se proponía tomar Amberes, fue aplacada por las tropas aliadas. En el 44 (o 45) es enviado de vuelta a casa, pero el trastorno bipolar y la depresión le hacen imposible practicar la medicina de manera estable y solo puede trabajar en distintos hospitales a lo ancho del país. Por esta razón, la familia debe mudarse, primero a Far Rockaway y luego a Perrysburg, ambas en el estado de Nueva York, y luego a Columbus, en Ohio. Más adelante Phil viaja a Virginia para estudiar en una academia militar, y luego vuelve a Ohio y se anota en la universidad para estudiar periodismo.

Desde chico muestra un talento especial para la música: antes de cumplir los 16 años ya es el clarinete solista en una orquesta. Como muchos adolescentes estadounidenses en la década del cincuenta, admira a Elvis Presley, Buddy Holly, Hank Williams y a otros músicos de menos renombre, como Lefty Frizzel, Faron Young y Webb Peirce. Pasa las tardes en el cine viendo cómo sus ídolos de la pantalla grande –el  republicano y anticomunista John Wayne y el héroe de la Segunda Guerra Audie Murphy– defienden todo aquello a lo que él, unos años más tarde, se enfrentará.

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1970

“Elvis –dice– representaba en la música el alma del lumpenproletariado”.

“Si hay esperanza en América –dice–, está en la revolución. Y si hay esperanza en la revolución en América, está en unir a Elvis Presley con el Che Guevara”.

En febrero aparece Greatest Hits, el último disco de estudio que Ochs grabará y que, contrariamente a lo que indica su título, se compone de canciones nuevas. El disco es producido por Van Dyke Parks, quien pocos años antes había trabajado con Brian Wilson en Smile, el disco que no fue, y cuenta con músicos como Gene Parsons y Clarence White de The Byrds, Ry Cooder e integrantes de la banda de Elvis. En este disco Ochs intenta encarnar esa fusión inverosímil entre la rebeldía de los cincuenta (no solo Elvis, sino también James Dean, cuya muerte lamenta en “Jim Dean of Indiana”) y el espíritu revolucionario de fines de los sesenta. En la tapa vemos a Phil enfundado en un traje de lamé dorado como el de Elvis, y en la contratapa continúa la cita: “50 Phil Ochs fans can’t be wrong!” leemos, en referencia al “50,000,000 Elvis fans can’t be wrong!”.

El 27 de marzo Phil se presenta en un concierto de doble función en el Carnegie Hall de Nueva York. De la fusión entre Elvis y el Che queda más del primero: sale al escenario con el traje dorado y, si bien toca algunas de sus viejas canciones de protesta, le dedica mucho más tiempo a las versiones de canciones de rock ‘n’ roll y country: Elvis Presley, Buddy Holly, Merle Haggard, Conway Twitty. Luego de unos pocos temas se repite una escena fundamental de la historia de la música de Norteamérica: el público se queja ante su ídolo por haber abandonado el folk de protesta, solo que ahora arriba del escenario no se encuentra el pedante, megalómano y famosísimo Bob Dylan, sino Phil Ochs. Antes de terminar el primer concierto, suena el teléfono del Carnegie Hall: una amenaza de bomba suspende lo que queda de la primera mitad del espectáculo. Deberán pasar cinco años para que las grabaciones de algunos temas del primer concierto salgan a la luz. El disco se llama Gunfight at Carnegie Hall y aparece exclusivamente en Canadá.

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Alrededor de la medianoche Phil Ochs sale al escenario para el segundo concierto. Tiene la mano vendada: entre los dos sets, algunas personas, enojadas por no haber recibido aquello por lo que pagaron, lo habían increpado. Él les prometió darles entradas para la segunda función, pero como la boletería estaba cerrada, rompió el vidrio de una trompada, lastimándose la mano. Toca durante tres horas, hasta que la gente del Carnegie Hall –quienes, por otra parte, luego del incidente de la boletería le habían prohibido volver a tocar ahí una vez que hubiera terminado el segundo concierto– corta la luz de la sala durante un medley de Elvis Presley. Ante la insistencia de los fanáticos que quedan en la sala vuelven a habilitar la energía y el concierto llega a su fin, con Jim Glover de invitado para la última canción, pero el 27 de marzo de 1970, con su catarata de desastres, parece una prefiguración de la caída que se avecina.

Después de Greatest Hits, Phil empieza a tener dificultades para componer nuevas canciones. También empieza a tomar mucho, demasiado.

1960-1962

En 1960 Phil Ochs es un estudiante de periodismo de la universidad de Ohio, interesado en el cine, el rock ‘n’ roll y el country. Viene de una familia poco politizada; sin embargo, es en esta época que a Phil comienzan a importarle los eventos de la política nacional y mundial. La revolución cubana, todavía muy reciente, llama su atención. En la universidad conoce a un compañero que tendrá una importancia definitiva en su desarrollo personal, artístico y político. Se trata de Jim Glover, un muchacho dos años menor que él, hijo de un miembro del Partido Comunista. Jim no solo le da a conocer la música del pueblo, es decir, Pete Seeger, The Weavers y Woody Guthrie –en cuya guitarra podía leerse “esta máquina mata fascistas”–, sino que también le enseña a tocar sus primeros acordes. Debaten sobre cuestiones políticas y asisten juntos a un campamento de verano en el estado de Michigan donde el cocinero es el músico de blues Big Bill Broonzy. En las elecciones presidenciales de 1960 Phil, que cree que Kennedy ganará, y Jim, que está tristemente seguro de que el nuevo presidente será Nixon, apuestan la guitarra del Jim. Ganan Kennedy y Phil (y, de alguna forma, también Jim). No pasa mucho tiempo hasta que deciden hacer música juntos. Para ese momento, Phil había comenzado a escribir artículos sobre temas políticos en el diario de la universidad, y sus actividades periodística y musical se unen dando lugar a sus primeras “topical songs”, es decir, canciones acerca de tópicos políticos sobre los que escribe o lee. Ochs y Glover forman un dúo de música folk al que primero llaman “The Singing Socialists” y luego “Sundowners”, pero dura poco y abandonan el proyecto sin haber tocado en vivo.

En 1961 Jim Glover decide dejar Ohio y se traslada a Nueva York, esperando hacerse un nombre en la escena del revival del folk tocando en los cafés del Greenwich Village. Allí conoce a Jean Ray y juntos empiezan a presentarse como Jim and Jean. Phil, por su parte, comienza a tocar en cafés de Cleveland, en el norte de Ohio, donde ahora viven sus padres, y entra en contacto con músicos de folk como Bob Gibson o los hermanos Smothers. Sin embargo, antes de obtener su título de periodismo, decide abandonar Ohio y seguir los pasos de su amigo.

1971

En agosto Phil viaja a Chile junto a su amigo David Ifshin, con la intención de conocer el país en el que, menos de un mes atrás, y por primera vez, un socialista había ganado las elecciones presidenciales. Allí conoce al músico Víctor Jara, representante del nuevo movimiento folklórico y férreo defensor de Salvador Allende. Los dos músicos se hacen muy amigos, tocan juntos en una mina de cobre y hablan acerca de grabar juntos.

Dos meses más tarde, Ochs e Ifshin parten hacia Uruguay, luego de un breve paso por Argentina. En Montevideo, Ochs conoce al máximo exponente de la nueva canción popular uruguaya, Daniel Viglietti. Tres años más tarde, Viglietti hará una gira por California, acompañado por Phil Ochs. Luego de cantar en un acto político de la izquierda universitaria, Ochs e Ifshin son detenidos por la policía uruguaya y pasan la noche en prisión. Regresan a Buenos Aires y en cuanto bajan del avión son detenidos por la policía argentina. Tras pasar algunos días en la cárcel les dicen que los van a enviar Bolivia. Alertados por un amigo argentino de Ifshin, quien les había dicho que aquellos que son enviados a Bolivia desaparecen para siempre, compran un pasaje a Perú y consiguen, con ayuda de alguien de la embajada británica, que el piloto, norteamericano como ellos, les permita permanecer en el avión durante la escala en Bolivia. De esa manera esquivan a las autoridades de ese país y siguen viaje hacia Lima, donde pasan algunos días. Ochs, sin embargo, recorre las calles de la ciudad intranquilo, temeroso de que en cualquier momento lo aprese la policía, y decide regresar a Estados Unidos.

1962-1966

A comienzos de la década del sesenta, Nueva York, y en particular la zona del Greenwich Village, es la meca de todo aquel que quiera formar parte del renacimiento del folk. Los cafés se llenan de jóvenes que leen poesía y que tocan canciones folk, algunas viejas y tradicionales, otras nuevas y originales. Phil siente que no es en Columbus, Ohio donde debe estar, sino aquí. Se encuentra con su amigo Jim Glover, quien está viviendo con su pareja y compañera musical Jean. Lentamente, la muchacha comienza a sentir que la química entre los dos viejos amigos la aparta, la aísla, la deja relegada. Para contrarrestar esto, decide presentarle a Phil a su amiga Alice Skinner. Ejecuta su plan a la perfección: Ochs y Skinner se enamoran, comienzan a salir, eventualmente se mudan a un departamento en la calle Bleecker, una de las arterias principales del Village. A veces, a la hora de la cena, aparecen Bob Dylan y Suze Rotolo. Comparten tardes, veladas, conciertos con Eric Anderson y Dave Van Ronk. Uno de esos días, en abril de 1963, el padre de Phil muere. Es entonces que, por primera vez en muchos años, la familia se reúne, y en el auto, de camino al entierro, Phil le dice a su madre que su novia Alice está embarazada y que se van a casar.

Lee el Newsweek y compone canciones, sin parar. Toca en todos lados: en los cafés del circuito (su primer concierto se lo ofrece Mike Porco, dueño del Gerde’s Folk City), en manifestaciones por los derechos civiles, en huelgas de mineros. Su nombre circula y su música también. Contribuye frecuentemente con textos y canciones con la revistas Broadside y Sing Out!, elementos centrales del renacimiento del folk que estaba teniendo lugar en el Greenwich Village. En 1963 Pete Seeger lo invita a tocar al menos un par de temas en el Festival de Newport, y esa invitación se repite en 1964 y 1966 pero no en la histórica edición de 1965, en la que Dylan se cuelga la guitarra eléctrica. Fue a Nueva York para hacerse un lugar en la nueva escena folk y empieza a conseguirlo.

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La relación que tienen Ochs y Dylan durante esos años es ambigua. La enorme admiración que Ochs siente por Dylan no es puesta en duda por nadie. Según algunos, Dylan sentía la misma reverencia por Ochs y su música. Según otros, Dylan cree que mientras Ochs no escriba acerca de sus sentimientos reales no habrá demasiado valor en su música. Hay una anécdota que aparece una y otra vez: corre el año 1965 y los dos están en una limusina (o en un bar). Dylan, que ya se está alejando de la canción de protesta o de tema político, le muestra a Ochs una de sus últimas composiciones, “Can You Please Crawl Out Your Window?” (o “One of Us Must Know”). La reacción de Ochs no es buena, le dice a Dylan que está perdiendo sus cualidades como compositor. Es entonces que Dylan lo echa de la limusina o del bar, diciéndole “vos no sos un cantante de folk, sos un periodista”.

Esa acusación no parece muy ofensiva para alguien que, como Phil Ochs, escribe sus canciones con el diario en la mano. El título de su primer álbum es claro: All the News That’s Fit to Sing (Elektra, 1964), una referencia al lema del New York Times: “All the News That’s Fit to Print”. En los siguientes años publica dos discos más, también en Elektra Records, donde comparte catálogo con estrellas como Judy Collins, Tim Hardin y Tom Paxton. En 1965 aparece I Ain’t Marching Anymore y el año siguiente, Phil Ochs in Concert, que en realidad contaba con muchas canciones grabadas en estudio porque las versiones en vivo no eran suficientemente buenas. Los tres son discos muy despojados: Phil Ochs solo con su guitarra, acompañado a veces por otro guitarrista llamado Danny Kalb. En ellos se ocupa de temas como el antimilitarismo, el antibelicismo, la Guerra de Vietnam, la crisis de los misiles en Cuba, la lucha por los derechos civiles y sus incontables víctimas, su admirado John Fitzgerald Kennedy, su admirado Woody Guthrie, la discriminación en los sindicatos, el autoritarismo en las universidades, el establishment militar e industrial, la situación de los mexicanos que cruzan la frontera en busca de trabajo, la hipocresía de la Iglesia, la hipocresía de los liberales, la ocupación estadounidense de República Dominicana. Sorprende encontrar, en medio de todo esto, poemas musicalizados, como “The Bells” de Edgar Allan Poe.

Algo característico de sus canciones de protesta es el humor y la ironía. En Newport 1963, antes de tocar “Talking Birmingham Jam”, una canción sobre los atropellos de los derechos civiles en esa ciudad (la más grande del estado de Alabama), dice “Creo que siempre que hay una gran tragedia también hay algo del orden de lo ridículo”. También suelen contener un fuerte elemento visual, a veces son como películas condensadas en tres minutos. “Ringing of Revolution”, en la que narra una versión levemente delirante de una revolución proletaria, es un buen ejemplo. En un concierto la presenta con las siguientes palabras: “Voy a hacer una canción sobre la revolución. Es una canción cinematográfica. De hecho, es tan cinematográfica que se hizo una película con ella. John Wayne hace de Lyndon Johnson y Lyndon Johnson hace de Dios. Yo hago de Bobby Dylan”.

1972

La Metro-Goldwyn-Meyer le encarga la composición de un tema para Kansas City Bomber, una película sobre roller derby. Con mucha dificultad, graba un demo en el que Micky Dolenz, cantante de The Monkees, se ocupa de los coros. Cuando la gente que le encargó el trabajo le informa que los productores de la película sienten que el demo no es lo que buscan, Phil Ochs se encuentra de gira por Australia. Recluta a una banda de Melbourne llamada Daddy Cool y junto con ellos graba una nueva versión de “Kansas City Bomber”. Una vez más, los productores rechazan la canción de Ochs, quien, sin embargo, se las ingenia para que su sello discográfico, A&M, la edite como single, con “Gas Station Women” como lado b. Las ventas son bajísimas.

1967-1968

En 1967 Phil Ochs decide darle un cambio de rumbo a su carrera. Por un lado, la escena folk de Nueva York había comenzado a perder fuerza alrededor de 1965, con la aparición del folk rock de bandas como The Byrds, cuyo hallazgo había sido el de versionar canciones folk en clave de rock (en abril su interpretación de “Mr. Tambourine Man” de Dylan fue número 1; en octubre tuvieron la misma suerte con “Turn! Turn! Turn!”, de Seeger). Por otro lado, el propio Dylan se ha ido alejando del folk desde 1965. En marzo aparece Bringin’ It All Back Home, su primer disco con banda, y a fines de julio del mismo año se sube al escenario del Newport Folk Festival con una guitarra eléctrica y, acompañado por la moderna y eléctrica Butterfield Blues Band, toca la música más fuerte y agresiva que el público jamás ha oído. “Cualquiera que estuviera interesado en retratar los años sesenta como un viaje del idealismo al hedonismo –dice Joe Boyd, production manager del festival y productor de varios de los mejores discos de fines de los sesenta y comienzos de los setenta– podría fechar su momento bisagra hacia las 9.30 de la noche del 25 de julio de 1965”. Un tercer motivo son las bajas ventas de sus discos de Elektra: menos de 50.000 entre los tres.

Ya en 1965 Phil había declarado encontrarse en un punto de su composición en el que le daba más importancia al arte en sus canciones que a lo político y que buscaba alcanzar un uso más fuerte y más original del lenguaje y la música. Así como unos años antes había abandonado Ohio al sentir que Nueva York era el lugar en el que debía estar, en 1967, viendo que la menguante escena folk de la costa este no es el lugar para desarrollar su música, decide mudarse a Los Angeles. Cambia de ciudad, cambia de sello discográfico (A&M) y contrata a su hermano Michael como su nuevo manager. Su música, se verá en Pleasures of the Harbor (A&M, 1967), también cambia. Por momentos pop, por momentos barroco, por momentos dixie, por momentos jazz, ambicioso siempre, el disco dice que Phil Ochs le sigue el paso a los vertiginosos cambios musicales de la época, y vende más que sus tres discos de Elektra juntos.

A pesar del poco material abiertamente de protesta en las canciones de Pleasures of the Harbor, la postura de Ochs en temas políticos no ha cambiado. Influido por la idea de Allen Ginsberg de terminar la guerra simplemente declarándolo y por los movimientos de teatro callejero de la costa oeste, en junio de 1967 organiza un evento en las calles de Los Angeles en el que se afirma que el fin de la guerra ha llegado, y que tiene por finalidad despertar a la sociedad estadounidense del absurdo en el que está viviendo. Refuerza la idea con una canción escrita para la ocasión, “The War is Over”, que formará parte de su próximo disco, Tape from California (A&M, 1968). En noviembre regresa a Nueva York para repetir la manifestación en el Greenwich Village. Canta su canción y después la gente marcha, con Allen Ginsberg y Gregory Corso a la cabeza, hacia Times Square.

Sin embargo, a pesar de la consigna, ni la guerra ni la violencia habían terminado. De hecho, se estaban reservando algunos de sus episodios más terribles para el año siguiente.

1973-1974

Luego de conocer Australia, Phil Ochs vuelve a Estados Unidos y pasa algunos meses bebiendo y tocando a lo largo y a lo ancho del país, en universidades, en actos en contra de Nixon. A fines de agosto, o quizás en septiembre, viaja al continente africano. Conoce Etiopía, Kenya, Malawi, Sudáfrica y Tanzania. En Dar es-Salam, la ciudad más poblada y más rica de Tanzania, lo ataca un grupo de ladrones. Le roban sus pertenencias y lo estrangulan, pero Ochs se salva. Las consecuencias de este evento son nefastas. Por un lado, se intensifica su paranoia y Phil se convence de que todo el episodio ha sido orquestado por el gobierno estadounidense o por la CIA. Su depresión también se vuelve más profunda. Por otro lado, sus cuerdas vocales y su registro quedan dañados, y su voz nunca volverá a ser la misma. No obstante, decide seguir su viaje. En Kenia conoce a dos músicos, Dijiba y Bukasa, y juntos componen dos canciones, que graban junto con la Pan-African Ngembo Rumba Band. El sello de Ochs, A&M, las edita como single: el lado a es “Bwatue” (canoa), una canción que habla de la vida como un río; el lado b se titula “Niko Mchumba Ngombe”. El single es uno de los primeros intentos de fusionar la música popular occidental con la música africana.

Hacia finales de 1973 regresa a su país. Una noche, profundamente ebrio, sale a manejar por Sunset Boulevard, pero choca de frente contra otro auto y pierde algunos dientes. Cierra el año con una serie de conciertos en el Max’s Kansas City de Nueva York. Las últimas noches de diciembre lo telonea un dúo de músicos que no tardarán mucho en conocer la fama: Patti Smith y Lenny Kaye.

A la vuelta de África, o quizás todavía antes de regresar, recibe unas noticias que lo devastan: el golpe de estado en Chile, la muerte de Salvador Allende, la captura, la tortura salvaje y el asesinato de su amigo Victor Jara. Una vez de vuelta en Estados Unidos, con la intención de difundir la situación de Chile y de juntar fondos para su pueblo, decide organizar un evento. Pete Seeger, Arlo Guthrie, Dave Van Ronk, Joan Baez, Dennis Hopper y Mike Love y Dennis Wilson de los Beach Boys se suman a la iniciativa, pero las entradas se venden con cuentagotas. Bob Dylan, que acaba de volver a Nueva York después de su gira con The Band (treinta y un conciertos en poco más de un mes), no parece muy interesado en participar del evento, hasta que un día Phil le cuenta la historia de Víctor Jara y le lee el discurso inaugural de Allende. Ya cerca de la fecha, y con grandes posibilidades de tener que cancelarlo, Dylan –lejos, a esta altura, de la música de protesta– decide sumarse. Con su nombre en el cartel las entradas vuelan, y finalmente, el 9 de mayo de 1974 se lleva a cabo en el Madison Square Garden “An Evening With Salvador Allende”, con las viudas de Jara y Allende entre el público. Basta con escuchar las voces de Ochs y Dylan en “Blowin’ in the Wind” para convencerse del estado de profunda ebriedad en que se encuentran.

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1968

Entre el 26 y el 29 agosto de 1968 tiene lugar en Chicago la Convención Nacional Demócrata, cuyo propósito es elegir el candidato para las próximas elecciones presidenciales. En paralelo con la convención, el Youth International Party –entre otros, Jerry Rubin, Abbie Hoffman y Paul Krassner–, sin haber obtenido el permiso de la ciudad, lleva a cabo una serie de protestas, enmarcadas en el Festival of Life. Estas protestas comienzan, en realidad, unos días antes de la convención. En la mañana del 23 de agosto, en la plaza del Centro Cívico y frente a una cantidad de periodistas, fotógrafos y espectadores, los yippies –entre los cuales se encuentra Phil Ochs– presentan a su candidato, para quien reclaman el trato que corresponde a cualquier candidato legítimo. Se trata de Pigasus, un cerdo que Phil le ha comprado unos días atrás a un granjero de Illinois por veinte dólares. En medio del acto del acto de presentación, la policía arresta a Jerry Rubin, a Phil Ochs y a cinco yippies más. También arresta a Pigasus. Los activistas pagan algunos dólares y salen de la cárcel, aunque meses más tarde algunos de ellos serán sometidos a un juicio por conspiración e incitación al delito en el que Ochs deberá declarar. Sobre el destino de Pigasus, en cambio, solo hay conjeturas.

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El 27 de agosto el presidente Lyndon B. Johnson cumple 60 años. En el Chicago Coliseum tiene lugar la “Unbirthday Party For LBJ”, donde hablan, entre otros, Abbie Hoffman, Jean Genet, William Burroughs y Allen Ginsberg. Phil Ochs sube al escenario con su guitarra y canta algunas canciones. Mientras toca “The War is Over”, alguien en el público prende fuego su tarjeta de enrolamiento. Inmediatamente, muchos lo siguen: frente a Ochs, cientos de manos en alto con sus draft cards en llamas. Y unos segundos más tarde, cuando canta que “este país es demasiado joven para morir”, la gente comienza a aplaudir y a gritar y no para por varios minutos. Phil Ochs no puede seguir cantando, así que se baja del escenario. Después del acto todos marchan desde el Coliseum al Grant Park, donde pasan la noche en paz.

Esta paz, sin embargo, es una excepción en esos días de violencia. Bajo la orden del alcalde Daley de “tirar a matar”, la Convención Nacional Demócrata transcurre acompañada de constantes enfrentamientos entre los manifestantes y la policía, de feroces represiones con gas y palos, de miles de arrestos llevados a cabo por policías sin identificación y de una escasísima cobertura en los medios. Se convierte para siempre en uno de los episodios más oscuros en la historia de los Estados Unidos y pone fin a un año nefasto, que ha presenciado, el 4 de abril, el asesinato de Martin Luther King, y el 6 de junio, el de Robert Kennedy.

Los hechos de 1968, a los que se suma a principios de noviembre la victoria electoral de Nixon, son un golpe durísimo para Phil Ochs. Todo lo que alguna vez había sido esperanza y e idealismo, ahora no es más que desilusión y amargura. El año de 1968 es, piensa, la muerte de los Estados Unidos. Esta oscuridad está presente en todo su disco Rehearsals for Retirement (A&M, 1969), donde canta, con una ironía más salvaje que nunca, acerca de la paranoia, que trae violencia, y de la policía, que trae violencia: “Soy el hombre masculino americano. Mato, luego existo”. El álbum vende tan poco que es retirado del catálogo de A&M.

Su tapa, aparte de profética, es inolvidable: la foto de una tumba en la que se lee “PHIL OCHS. (AMERICAN). BORN: EL PASO, TEXAS 1940. DIED: CHICAGO, ILLINOIS 1968”.

1975

Los últimos años han sido demasiado. La renuncia de Nixon –Ochs aparece en la televisión, transpirado y algo confuso, diciéndole a un entrevistador que la gente está contenta de que se vaya– no es suficiente contra la caída de todo aquello en lo que él creía, las bajas ventas de su música, su voz dañada, el terrible asesinato de su amigo Víctor Jara. A lo largo de 1975 Phil Ochs se hunde en una espiral de alcoholismo, depresión y locura.

Hay tiempo, todavía, para una buena noticia: el 30 de abril, después de casi veinte años, la Guerra de Vietnam llega a su fin. Phil decide hacer lo que mejor le sale, organizar un acto. Convoca, entonces, a un evento de celebración del fin de la guerra, que se lleva a cabo el 11 de mayo en el Central Park de Nueva York y al que asisten entre cincuenta y cien mil personas. Participan Pete Seeger, Odetta, Tom Paxton, Paul Simon y más. Phil interpreta junto con Joan Baez “There But For Fortune”. Su concierto termina con “The War is Over”, que, en cierta manera, ahora es otra canción. Sin embargo, después de tocar Phil se encuentra con su familia, y su hermano Michael no entiende por qué lo ve tan triste. Lo que más quería en el mundo, piensa, aquello por lo que estuvo años luchando y cantando, finalmente ha sucedido. Entonces comprende que el motivo es precisamente ese. Ahora que la guerra terminó, ¿qué le queda por hacer?

A partir de entonces el deterioro de Phil no tiene vuelta atrás. Comienza a encerrarse en su cabeza y a perder los vínculos con lo que lo rodea. En una filmación se lo ve en un escenario, a punto de tocar, diciendo “Phil Ochs ya no existe, murió hace mucho tiempo, así que lo que están viendo aquí es una ilusión, una ilusión sin importancia”. En un determinado momento empieza a decir que su nombre es John Train y que ha matado a Phil Ochs y lo ha reemplazado. Está convencido de que alguien lo quiere asesinar, así que anda siempre con un martillo o un cuchillo. Decide que lo que necesita para reactivar su carrera es contratar al manager de Elvis Presley, el coronel Tom Parker, pero cuando este no responde sus llamados se le ocurre que entonces necesita al coronel Sanders, de Kentucky Fried Chicken. Logra que la compañía que tiene los derechos le conceda una reunión, pero se presenta borracho y no consigue nada. Manda un camión con sus posesiones de vuelta a la costa este, con la intención de volver a instalarse allá, pero de alguna forma el camión se pierde en la ruta. Aparece en lo de un amigo vestido con su trajé de lamé dorado cubierto de vómito. Lleva a su hija a una feria y le compra un set de enciclopedias y un gato al que pone de nombre Rimbaud. Amenaza de muerte a su hermano Michael cuando este intenta hospitalizarlo. No se presenta a un concierto en Massachusetts. Se hace echar de todos los bares y cafés del Greenwich Village. Duerme en las calles y las plazas de la ciudad.

En la película Renaldo and Clara, que documenta la gira Rolling Thunder Revue de Dylan y algunos eventos de los días previos a su comienzo, Phil aparece durante unos segundos en la pantalla. La escena sucede el 23 de octubre de 1975 en el Gerde’s Folk City de Nueva York, el mismo lugar donde Phil tuvo su debut neoyorquino. Es el cumpleaños número 61 de su dueño, Mike Porco, y también es la última vez que Phil toca en un evento público. En el escenario hay una mujer hablando en un micrófono y un hombre de bigote con una guitarra acústica, un antifaz y un sombrero. Phil, pálido y transpirado, con lentes de sol, una camisa roja abierta hasta el pecho y un saco marrón, se sube al escenario. Se pone un cigarrillo en la boca y estira el brazo por encima de la mujer hacia el sombrero del hombre de bigote, que justo se aleja. Entonces empieza a llamarlo: “Bobby, Bobby, Bobby, Bobby”, le dice. No es Bob Dylan, sino Bob Neuwirth. Al llamarlo, a Phil se le cae el cigarrillo de los labios, pero no parece importarle. “Dame el sombrero”, le dice. Bob Neuwirth le da la guitarra y le apoya el sombrero sobre la cabeza. Phil acomoda el micrófono y apoya la guitarra. Se saca el sombrero, se pasa la mano por el pelo, y se lo vuelve a poner. Luego se cuelga la guitarra y se dispone a tocar algunas canciones. Entonces la filmación se corta.

EPÍLOGO

Después de la muerte de Phil Ochs se supo que el FBI efectivamente lo había considerado amenaza a la seguridad en 1966, le había intervenido la línea telefónica y había armado un archivo sobre él que rondaba las quinientas páginas. En este archivo su apellido aparecía muchas veces como Oakes. Siguieron preparando informes en los que lo consideraban potencialmente peligroso incluso después de su muerte.

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