VACACIONES EN ISLANDIA (DONDE LA DESOBEDIENCIA CIVIL ES UN DERECHO)

Breve relato de las manifestaciones del 5 y 6 de abril en Reykjavik. De las revelaciones por #PanamaPapers a la renuncia del Primer Ministro.

El domingo 3 de abril aterrizaba en el pequeño aeropuerto de Keflavik, situado a 45 minutos del centro de la ciudad. Luego de una conexión de más de doce horas en Nueva York y un corto viaje de cuatro horas y media, llegaba por fin al destino donde pasaría cinco días de vacaciones: la pintoresca ciudad de Reykjavik. Habíamos elegido con mi compañera viajar a Islandia por varias razones, entre ellas la mezcla de atractivos turísticos impresionantes con la calidez humana del islandés que tanto sorprende, aún estando prevenidos.

Ese mismo día, mientras revisaba Twitter, empiezo a ver que corre por mi Time Lime un hashtag que no comprendía del todo. #PanamaPapers. Mirando de reojo y sin entrar demasiado en detalles, leo que se habían filtrado documentos de un bufete de abogados panameño y las revelaciones apuntaban a cuentas offshore de varios líderes mundiales, tales como Vladimir Putin y Mauricio Macri. Se sumaban a esa lista el presidente de Ucrania y hasta el rey absoluto de Arabia Saudita.

Salimos a caminar por Reykjavik, recorremos Laugavegur -la calle principal-, el centro histórico, paramos a comer, continuamos el recorrido y al caer la noche decidimos tomar unas cervezas en el bar Lebowski. Recién ahí pude conectarme a internet  y enterarme que Sigmundur Gunnlaugsson, el Primer Ministro de Islandia, estaba implicado en los #PanamaPapers. Había lavado cuatro millones de dólares a través de una cuenta offshore junto a su esposa.

La confusión era total, en Islandia esas cosas no pasan. ¿No pasan? Mientras recorríamos las calles, sin saber de la acusación a Sigmundur, dos monumentos nos llamaron la atención. El primero fue el Monumento al Burócrata Desconocido y el segundo, el Cono Negro, Monumento a la Desobediencia Civil. Es en este último donde se declara que, de ser violados por parte del Estado los derechos de los ciudadanos, es obligación de estos la desobediencia civil en modo de protesta.

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¿Pero qué es Islandia? ¿Cuál es la concepción que se tiene? Al momento de elegir nuestro destino de vacaciones, nos inclinamos por Islandia por ser un lugar tranquilo. Y vaya si lo es.: los autos dejan pasar, no tocan bocina, no hay robos, se nota el bienestar. Es posiblemente la utopía alcanzada por todos aquellos que tenemos una determinada concepción de Estado. En cualquier lado uno puede esperar una marcha masiva esperando que un mandatario corrupto renuncie (Argentina ni hablar) pero no en Islandia, jamás en Islandia. En Islandia esas cosas no pasan. Pero pasan. Y el islandés, no se queda tranquilo cuando esas cosas pasan, la desobediencia civil es un derecho – con monumento y todo.

El lunes 5 de abril se convoca a una masiva manifestación frente al Parlamento, en la Plaza Principal de Reykjavik, a las 5 de la tarde. Por eso fue necesario poner un vallado, a fin de evitar desbandes. Una curiosidad en Islandia es que los edificios públicos no están protegidos con nada, ni siquiera el Parlamento o la oficina del Primer Ministro. De hecho, el único edificio totalmente enrejado es la Embajada Estadounidense.

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La protesta

A la manifestación asisitieron 10.000 personas, algo así como el 3% de la población total del país. Para quien está acostumbrado a los piquetes, las represiones, la violencia en general que se ejerce en toda movilización, esto era totalmente surrealista.

Podríamos decir que la manifestación estaba dividida en dos: Por un lado, hablaban representantes políticos desde un camioncito, la oposición arremetía contra el oficialismo. Por el otro, y en simultáneo, se tiraban huevazos, papel higiénico y bananas al Parlamento. Sonaban los tambores, las cacerolas, los silbatos y un trombón . Flameaban las banderas islandesas, banderas rojas, cartones pintados con proclamas. Todos los estamentos sociales estaban allí, los adultos, los viejos, niños. Todos nos movíamos sin que nadie dijera nada. La policía permanecía tranquila, desarmada… ¡ni escudos tenían!

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Así como en 2014 en Hong Kong protestaran con paraguas, las bananas fueron el centro de toda provocación. Lo mismo los carteles contra Vladimir Putin., porque una República bananera o el patio trasero de un autoritario es todo lo que lo islandeses no quieren ser.

 

La presión social fue enorme, la convoctoria masiva. Tal es así que un día después, el martes 6 de abril, Sigmundur Gunnlaugson renunció a su cargo de Primer Ministro. Y lo más increíble es que estuve allí, fui testigo de un hecho inesperado en un lugar inesperado mientras estaba de vacaciones.

La paz reinó, el pueblo se manifestó y el Primer Ministro renunció. No fue colorín colorado, la cosa no queda ahí, es un llamado de atención a todo el mundo: el límite lo pone el pueblo.

final

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